Prueba Diagnóstico 1º, 2º y 3º

Luego de leer esta historia debes realizar una reflexión de 10 renglones acerca de ella.

¡ES HORA QUE SE SEPA LA VERDAD!

(La versión del Lobo de Caperucita Roja)

 

 LEONOR PIÑEIRO, RAFAEL GRAZA Y PABLO CASCÓN.

 

        El bosque era mi hogar. Yo vivía allí y me gustaba mucho. Siempre trataba de mantenerlo limpio y ordenado.

 

         Un día soleado, mientras estaba recogiendo las basuras dejadas por unos turistas sentí pasos. Me escondí detrás de un árbol y vi venir una niña vestida en una forma muy rara: toda de rojo y su cabeza cubierta, como si no quisiera que la notaran. Andaba feliz y comenzó a cortar las flores de “mí” bosque, sin pedir permiso a nadie, quizás ni se le ocurrió que esas flores no le pertenecían. Naturalmente, me puse a investigar. Le pregunte quien era, de donde venía, a donde iba, a lo que ella me contestó, cantando y bailando (extraño ¿no?), que iba a casa de su abuelita a llevarle una canasta para el almuerzo. 

 

         Me pareció una persona honesta, pero estaba en “mí” bosque cortando flores sin permiso. Así que decidí darle una lección y enseñarle lo serio que es meterse en el bosque sin anunciarse antes y apropiarse de flores ajenas.

 

 

        La dejé seguir su camino y corrí a la casa de la abuelita. Cuando llegué me abrió la puerta una simpática viejita, le expliqué la situación. Y ella estuvo de acuerdo en que su nieta tenía que aprender una lección. La abuelita aceptó permanecer fuera de la vista hasta que yo la llamara y se escondió debajo de la cama. 

 

         Cuando llegó la niña la invité a entrar al dormitorio donde yo estaba acostado vestido con la ropa de la abuelita. (No me van a decir que la niña no pudo diferenciar entre su abuelita y yo). La niña llegó sonrojada, y me dijo algo desagradable acerca de mis grandes orejas. He sido insultado antes, así que traté de mantenerme amable y le dije que mis grandes orejas eran par oírla mejor. 

 

         Ahora bien como me agradaba la niña intenté no maltratarla, pero ella hizo otra observación insultante acerca de mis ojos saltones. Ustedes comprenderán que esos comentarios comenzaron a enojarme. La niña tenía bonita apariencia pero empezaba a serme antipática. Sin embargo pensé que debía poner la otra mejilla y le dije que mis ojos me ayudaban para verla mejor.

 

Su siguiente insulto sí me encolerizó. Siempre he tenido problemas con mis grandes y feos dientes y esa niña hizo un comentario realmente grosero. 

 

         Sé que debí haberme controlado pero salté de la cama y le gruñí, enseñándole toda mi dentadura y diciéndole que eran así de grande para comerla mejor. Ahora, piensen Uds. con racionalidad: ningún lobo puede comerse a una niña. Todo el mundo lo sabe. Pero esa niña empezó a correr por toda la habitación gritando y yo corría atrás de ella tratando de calmarla. Como tenía puesta la ropa de la abuelita y me molestaba para correr, me la quité pero fue mucho peor. La niña gritó aún más. De repente la puerta se abrió y apareció un leñador con un hacha enorme y afilada. Yo lo mire y comprendí que corría peligro así que salté por la ventana y escapé. 

 

         Me gustaría decirles que este es el final del cuento, pero desgraciadamente no es así. La abuelita jamás contó mi parte de la historia y no pasó mucho tiempo sin que se corriera la voz que yo era un lobo malo y peligroso. Todo el mundo comenzó a evitarme. 

 

 

         No sé qué le pasaría a esa niña antipática y vestida en forma tan ridícula, pero sí les puedo decir que yo nunca pude contar mi versión de la historia y dejé de ser feliz para siempre en mi bosque tan querido.